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Merida y Birosca, Antecedentes

La ciudad de Mérida, capital del estado Mérida, es una pequeña ciudad en los Andes de Venezuela. Con una población estimada de 500,000 habitantes en la ciudad y alrededor de un millón en todo el estado, su densidad poblacional es de aproximadamente 90 personas por kilómetro cuadrado. Con vastas regiones de montañas y valles que rodean la ciudad misma, así como sus diversos pueblos, históricamente Mérida ha ofrecido un panorama distintivo para quienes buscan vivir en un lugar que combina entornos urbanos, suburbanos y rurales.​

Fotografia de Oscar Gonzalez

Arte de Profesor Johnny Porras 

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Jardin Botanica de la ULA

Desde 1960 hasta 2000, la ciudad se convirtió en un refugio tanto para venezolanos como para turistas internacionales interesados en esta oportunidad de un estilo de vida alternativo. Libre del marketing omnipresente de hoy en día, el encanto de Mérida era orgánico. Su clima perfecto, cálido durante el día y frío por la noche, difiere del resto de Venezuela, atrayendo tanto a visitantes nacionales como internacionales. Situada entre las cadenas montañosas de la Sierra Nevada y la Sierra La Culata, a 1600 metros sobre el nivel del mar, con una variedad de ecosistemas que van desde bosques lluviosos hasta extensos bosques nublosos y páramos de alta montaña, Mérida era un imán para los amantes de la naturaleza y la aventura. Mientras tanto, su historia colonial y arquitectura atraían al turismo tradicional y religioso.

Además de su megadiverso flora y fauna, Mérida albergaba la segunda universidad más antigua del país, la Universidad de Los Andes. Reconocida a nivel mundial en la década de 1990, la ULA era la segunda más grande del país, atrayendo a individuos e instituciones, profesores y estudiantes, a una escala ampliada. A menudo se decía que Mérida era una universidad con una ciudad dentro de sus muros: su influencia era la base para las actividades culturales e intelectuales de toda la región, desde el centro de la ciudad hasta los numerosos pueblos que la rodeaban. La gasolina, prácticamente gratis hasta 2015, permitía a las personas buscar y construir sus hogares en el campo, a pesar de los desafíos de la falta de servicio telefónico.

Se crearon comunidades distintas con valores distintos. Una homogeneización entre los residentes originales, la cultura universitaria y los recién llegados de Venezuela y del extranjero creó un frente unificado de una población que prosperaba gracias a su interés por el arte y la música, la naturaleza y el aprendizaje. El resultado fue el escenario ideal para que surgiera un espacio cultural revolucionario en 1991.

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